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El Holocausto fue el genocidio sistemático y deliberado perpetrado por los nazis y sus aliados contra los judíos residentes en los territorios europeos ocupados por Hitler entre 1933 y 1945. Algunos autores consideran que debería incluirse bajo la definición del Holocausto al exterminio sistemático de millones de miembros de otros grupos étnicos, políticos y sociales considerados inferiores (Untermenschen), indeseables o peligrosos por el régimen nazi.

El término Holocausto fue acuñado en la década de 1950 por historiadores judíos, en referencia al sacrificio ritual bíblico de ese nombre. También han utilizado la palabra Shoah (del hebreo ha'shoáh, masacre). Los nazis le dieron el nombre de «Solución Final» (Endlösung) de la llamada «cuestión judía».

Cuando Hitler alcanzó el poder en Alemania en enero de 1933, adoptó de inmediato medidas sistemáticas contra los judíos, considerados ajenos a la raza aria. Uno de los primeros decretos promulgados fue una definición del término «judío». La religión de los antepasados era un rasgo fundamental en esta caracterización. Todo el que tuviera tres o cuatro abuelos judíos era considerado como tal automáticamente, sin que se tuviera en cuenta ni si este individuo era miembro de la comunidad religiosa judía ni su lugar de nacimiento. A aquéllos que fueran descendientes de judíos por parte de uno de sus progenitores sólo se les consideraba totalmente judíos si ellos mismos pertenecían a esta religión o habían contraído matrimonio con un miembro que la profesara. Los que tenían algún pariente judío o un único abuelo de esta religión eran llamados mischlinge («semiraza»). Este énfasis en el origen familiar se entendía como una afirmación de la «raza» según la doctrina nazi, pero el propósito principal de estas clasificaciones era delimitar claramente a quien afectaban las leyes discriminatorias.

Desde 1933 hasta 1939, el Partido Nazi, los organismos gubernamentales, los bancos y los comercios aunaron sus esfuerzos para eliminar a los judíos de la vida económica. Aquéllos que no pertenecían a la raza aria no tenían derecho a ocupar cargos en la administración, y los abogados y médicos judíos perdieron a su clientela aria. Algunas empresas judías se disolvieron, otras fueron confiscadas por el Estado o vendidas a un precio inferior a su valor a otras compañías que no pertenecían a miembros de la comunidad judía ni eran dirigidas por ellos. La transferencia contractual de empresas judías a los nuevos propietarios alemanes recibía el nombre de «arianización». Los ingresos procedentes de las ventas, así como los ahorros de los judíos estaban supeditados a impuestos especiales. Los empleados judíos de los negocios disueltos o arianizados perdían sus puestos de trabajo.

El 28 de octubre de 1938, 20.000 judíos polacos residentes en Alemania fueron secuestrados en medio de la noche y brutalmente deportados en masa a Polonia. El Gobierno polaco rechazó admitirlos, causando un duro ir y venir entre las fronteras alemana y polaca durante días. Esta negativa de dejar ingresar a sus propios ciudadanos convirtió el campamento de expulsados judíos en tierra de nadie en la frontera entre ambas naciones, en precarias condiciones. Finalmente las autoridades alemanas convencieron al Gobierno polaco de que los dejase entrar. Muchos de los expulsados judíos habían residido en Alemania la mayor parte de sus vidas; incluso algunos habían sido condecorados como veteranos de la I Guerra Mundial.

En noviembre de 1938, después de que un joven judío asesinara a un diplomático alemán en París, todas las sinagogas de Alemania fueron incendiadas, se destrozaron los escaparates de los comercios judíos y se arrestó a 30.000 de ellos. Este violento suceso, conocido como la «noche de los cristales rotos» (Kristallnacht), fue la señal para que la población judía de Alemania y Austria abandonara estos países con la mayor rapidez posible. Varios cientos de miles de judíos encontraron refugio en otras naciones. Otros muchos, con menos posibilidades económicas, permanecieron para hacer frente a un futuro incierto.

Cuando comenzó la II Guerra Mundial (septiembre de 1939), el ejército alemán ocupó la mitad occidental de Polonia, con lo que casi 2 millones de judíos polacos cayeron bajo la esfera de poder alemana. Las restricciones que se aplicaron a los judíos polacos fueron mucho más duras que las padecidas por los judíos alemanes. Se les obligó a trasladarse a guetos rodeados por muros y alambradas, con una administración propia muy limitada que recordaba a los campos de concentración. Cada gueto contaba con un consejo judío que se encargaba de organizar el alojamiento, la sanidad y la producción. Se les proporcionaba alimentos y carbón, y los productos manufacturados se enviaban fuera del recinto. Sin embargo, el suministro de comida que permitían los alemanes consistía principalmente en cereales y algunas verduras y hortalizas (nabos, zanahorias y remolacha principalmente). La ración oficial del gueto de Varsovia no alcanzaba las 1.200 calorías por persona. Surgió un mercado negro de alimentos introducidos de contrabando, pero los precios de las mercancías eran elevados y el desempleo y la pobreza estaban muy extendidos. En las casas llegaban a vivir de seis a siete personas en cada habitación, y el tifus era habitual entre la población.

Mientras la población polaca era internada en guetos, la Wehrmacht emprendió una acción a gran escala en el frente oriental. En junio de 1941, los alemanes invadieron la URSS, a la vez que la RSHA (Oficina Central de Seguridad del Reich) enviaba 3.000 hombres de las unidades especiales para eliminar a todos los judíos que se encontraran en el territorio recientemente ocupado. Estos destacamentos móviles, llamados Einsatzgruppen (grupos de acción), no tardaron en llevar a cabo ejecuciones en masa. Las matanzas solían realizarse en fosas o barrancos próximos a las ciudades o pueblos. En algunas ocasiones eran presenciadas por soldados o habitantes de la zona. Los rumores de estos asesinatos masivos habían llegado a varias capitales del mundo mucho antes de que hubiera testigos de las mismas.

Un mes después de que comenzaran las acciones de los grupos móviles en el territorio ocupado de la URSS, Hermann Goering envió un comunicado al jefe de la RSHA, Reinhard Heydrich, encomendándole la organización de la «solución final para la cuestión judía» en toda la Europa dominada por los alemanes. Se obligó a los judíos residentes en Alemania a llevar distintivos o brazaletes con una estrella de David amarilla a partir de septiembre de 1941. Decenas de miles fueron deportados a los guetos de Polonia y a las ciudades conquistadas en la URSS a lo largo de los siguientes meses. Pero cuando esta medida ya se había puesto en marcha, se creó un nuevo método de exterminio: los campos de concentración.

En Polonia se construyeron campos equipados con instalaciones de gases. La mayoría de las futuras víctimas eran deportadas a estos centros de muerte desde los guetos cercanos. Más de 300.000 judíos procedentes únicamente del gueto de Varsovia fueron eliminados. Los primeros transportes solían llevar a mujeres, niños o ancianos, y, en general, a la población que no podía trabajar. Los judíos que podían ser empleados como mano de obra permanecían en talleres o fábricas, pero acababan siendo ejecutados. Las deportaciones más numerosas se produjeron en el verano y otoño de 1942. El destino de estos traslados no era comunicado a los consejos judíos de los guetos, pero las noticias de los asesinatos en masa fueron llegando a oídos de los supervivientes y de los Gobiernos de Estados Unidos y del Reino Unido. En abril de 1943 los 65.000 judíos que aún permanecían en Varsovia se sublevaron contra la policía alemana, que había entrado en el gueto para realizar nuevos envíos. La lucha duró tres semanas.

Las deportaciones que se llevaron a cabo en toda la Europa ocupada por los alemanes generaron multitud de conflictos políticos y administrativos. Dentro de la propia Alemania se produjo un fuerte debate sobre el destino de los mischlinge, a los que finalmente se respetó. Se emprendieron negociaciones diplomáticas para efectuar deportaciones en algunos de los países aliados con Alemania, como los Estados satélite de Eslovaquia y Croacia. El Gobierno francés de Vichy, que ya había puesto en vigor algunas leyes antisemitas, comenzó a encarcelar a los judíos incluso antes de que los alemanes lo solicitaran. El régimen fascista italiano se negó a cooperar con los nazis hasta que Italia fue ocupada por fuerzas alemanas en septiembre de 1943; la misma actitud adoptó el Gobierno húngaro, por lo que los alemanes invadieron el país en marzo de 1944. Rumania, pese a haber sido responsable de varias ejecuciones en masa de judíos en los territorios ocupados de la URSS, también se negó a entregar su población judía a Alemania. En la Dinamarca ocupada numerosos daneses colaboraron para salvar de una muerte segura a los judíos que se encontraban en el país y les enviaron a la neutral Suecia en miles de pequeñas embarcaciones.

Los alemanes se apropiaban de todas las posesiones de los deportados siempre que les era posible. En Alemania se confiscaron las cuentas bancarias y propiedades de los judíos, y el mobiliario de los pisos de familias judías de la Francia ocupada, Bélgica y Países Bajos se envió a Alemania para ser distribuido entre las personas cuyas casas habían sido bombardeadas.

El transporte de víctimas a los campos de la muerte solía hacerse por ferrocarril, y la policía tenía que abonar al sistema ferroviario alemán el precio de un billete de ida de tercera clase por cada deportado. Cuando se había cargado a mil personas en un tren, se aplicaba una tarifa de grupo por la cual sólo era preciso pagar la mitad del importe. Los trenes, formados por vagones de mercancías, se desplazaban lentamente siguiendo horarios especiales. Los enfermos y los ancianos solían fallecer durante el trayecto.

Los puntos de destino en Polonia eran Kulmhof (Chelmno), Belzec, Sobibór, Treblinka, Lublin y Auschwitz. Kulmhof, situado al noroeste del gueto de Łódź, contaba con furgones de gas, y el número de personas que perdieron allí la vida fue de unas 150.000 a 320.000. Belzec disponía de cámaras de gas de monóxido de carbono en las que fueron asesinados 600.000 judíos aproximadamente, procedentes en su mayoría de la populosa zona de Galitzia. Las cámaras de gas de Sobibór pusieron fin a la vida de más de 250.000 personas, y las de Treblinka de 700.000 a 870.000. En Lublin murieron gaseados o fusilados unos 79.000 a 235.000 judíos. El número de víctimas de Auschwitz fue superior a 1.400.000.

Auschwitz, próximo a Cracovia, fue el mayor campo de exterminio. El gas empleado en este lugar, a diferencia del de otros campos, era era cianuro de hidrógeno y producía una muerte rápida. Las víctimas de Auschwitz procedían de toda Europa: Noruega, Francia, Países Bajos, Italia, Alemania, Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Yugoslavia, Grecia y España, en este último caso principalmente republicanos españoles exiliados tras la guerra civil. Una gran parte de los presos de estos países, incluso aquéllos que no eran judíos, fueron empleados como mano de obra en industrias; algunos prisioneros fueron sometidos a crueles experimentos médicos, sobre todo a esterilizaciones. Aunque lo habitual era que sólo se gaseara a los judíos y los gitanos, varios cientos de miles de personas internadas en este campo murieron a causa del hambre, de las enfermedades o las ejecuciones. Se construyeron enormes crematorios para incinerar los cuerpos de las víctimas y borrar las huellas del exterminio. Auschwitz fue fotografiado por aviones de reconocimiento aliados que buscaban objetivos industriales, y en 1944 se destruyeron las fábricas pero no las cámaras de gas.

Cuando la guerra terminó, 5.600.000 a 6.100.000 judíos habían sido asesinados, de los cuales unos 3 millones murieron en campos de exterminio. Además, se estima que fueron ejecutados 3.500.000 a 6.000.000 de eslavos, 2.500.000 a 4.000.000 de prisioneros de guerra soviéticos, 2.500.000 a 3.500.000 de polacos no judíos, 1.000.000 a 1.500.000 de disidentes políticos, 200.000 a 800.000 gitanos, 200.000 a 300.000 discapacitados y 10.000 a 250.000 homosexuales. Los aliados victoriosos se vieron fuertemente presionados para fundar en Palestina una patria permanente para los judíos sobrevivientes, y la creación del Estado de Israel (1948) resultó ser otra consecuencia del Holocausto. Como lo fue la acuñación del concepto crímenes de guerra contra la humanidad en el Derecho internacional, resultado de cuya aplicación numerosos dirigentes nazis responsables del Holocausto fueron procesados al finalizar la contienda por un tribunal de guerra internacional celebrado en Nuremberg (juicios de Nuremberg).

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